viernes, 16 de abril de 2010

Pío Moa, todo un artista

189[1] Un artista de la manipulación, claro.

En sendos artículos suyos a cuenta de la memoria histórica, Pío Moa (poco amigo de las leyes, de la justicia y de todo lo que huela a democracia) nos muestra su particular modo de ver la realidad.

En el primero de sus artículos (Aclarando ideas al señor Carrillo) nos dice:

Los crímenes del Frente Popular, que no del "campo republicano", no fueron mucho menores que los contrarios, sino prácticamente iguales en número, mayores proporcionalmente a la extensión y población sometidas a ellos, y acompañados de un sadismo que no se alcanzó en el bando nacional. Todo eso está hoy suficientemente documentado, le recomiendo que lea, entre otros, a R. Salas Larrazábal, a A. D. Martín Rubio, o mi Los crímenes de la guerra civil.

Pocos párrafos pueden contener tanta cantidad de mentiras.

Los crímenes cometidos en zona republicana (cometidos por el Frente Popular, pero también por personas ajenas al mismo cuya motivación era, como ocurrió en la zona nacional, estrictamente personal) ascienden a unos 50.000; los cometidos en zona nacional ascienden a unos 150.000. El número de crímenes en una y otra zona difieren notablemente, aun cuando en ambos casos deba considerarse que estamos ante una represión brutal.

Pío Moa toma los datos aportados por Ramón Salas Larrazábal en 1977 (y utilizados también por A. D. Martín Rubio) en base a un estudio elaborado a partir de los datos obrantes en los Registros Civiles; según ese autor (militar franquista, para más señas) todos los asesinados por la represión en ambos bandos estaban correctamente registrados. Sus conclusiones: los sublevados cometieron casi 60.000 asesinatos y los republicanos casi 75.000.

Esas disparatadas conclusiones (que Pío Moa toma como ciertas asumiendo alguna rectificación) tienen su explicación en la duplicidad de asesinados por los republicanos, muchas de cuyas víctimas aparecen registradas tanto en su lugar de origen como en el lugar donde fueron ejecutadas; la Causa General (que juzgó los crímenes del bando republicano) determinó que fueron casi 40.000 los ejecutados por la represión marxista, aunque se estima que fueron unos 50.000 los realmente represaliados.

Por otra parte, Ramón Salas Larrazábal aportó datos que se han demostrado completamente erróneos a través de estudios parciales; así, según este militar franquista fueron 2.964 las personas ejecutadas en la provincia de Badajoz por parte de los nacionales (eso es lo que consta registrado oficialmente), aunque algunos estudios posteriores han demostrado que las ejecuciones ascendieron en realidad (a falta de los datos de 73 municipios de la zona oriental de esa provincia) a más de 8.000.

Pío Moa no sólo obvia a conveniencia los estudios de Julián Casanova o de Francisco Espinosa Maestre que demuestran los errores de Ramón Salas Larrazábal, sino que además pretende realizar una comparación proporcional para relativizar el número de víctimas de la represión franquista. Es como si pretendiéramos extrapolar los datos de las víctimas de la organización terrorista GRAPO durante sus dos primeros años de vida (que es cuando Pío Moa estuvo integrado en ella como fundador bajo el alias de Verdú) y concluyéramos que los seis asesinados y los dos secuestrados son mayores proporcionalmente que los casi 1.000 asesinados y secuestrados por ETA teniendo en cuenta el período de tiempo estudiado y el número de militantes de cada grupo terrorista. Es de esperar que tamaña muestra de manipulación no le hiciera ni pizca de gracia al arrepentido fundador de los GRAPO, aunque él la utilice sin vergüenza alguna para intentar vanamente demostrar algo que es indemostrable por ser completamente falso.

Respecto al nivel de sadismo empleado por unos y otros, baste reproducir algunos textos de oficiales franquistas como el General Emilio Mola («Es necesario propagar una imagen de terror; cualquiera que sea, abierta o secretamente, defensor del
Frente Popular debe ser fusilado
») o el General Queipo de Llano («Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombre. De paso también a las mujeres de los rojos que ahora, por fin, han conocido hombre de verdad y no castrados milicianos. Dar patadas y berrear no las salvará») para entender que el nivel de sadismo entre los envalentonados nacionales no debía andar muy lejos del que debía imperar en el otro bando.

Sigue Pío Moa el artículo culpabilizando de los fusilamientos de republicanos a los líderes del Frente Popular (tal cual) y justificando la represión de inocentes en base a que la mayoría sí eran culpables. Pero nos detendremos en este otro párrafo:

Los franquistas autores de crímenes no fueron juzgados, como pasa en todas las guerras con los vencedores. En la II Guerra Mundial también los aliados cometieron numerosos crímenes, pero no se juzgaron a sí mismos.

Resulta curioso (por decir algo) que Pío Moa compare a los aliados en la II Guerra Mundial (que lucharon contra el levantamiento en armas de Hitler) con los golpistas que cambiaron el régimen democrático (más o menos perfecto para aquellas épocas) existente en España a través de un alzamiento armado. Esta ridícula comparación dice mucho sobre su forma de entender la Historia; después publica lo que publica y se ofende cuando los historiadores lo ponen en ridículo.

En su otro artículo (La justicia según el New York Times) critica la injerencia de ese diario en el caso seguido contra Baltasar Garzón por su investigación de los crímenes del franquismo, acusando al periódico estadunidense de ignorante, entre otras muchas lindezas; detengámonos en este párrafo:

Hay más que suficiente material publicado que prueba, sin lugar a dudas, que lo más próximo a un genocidio cometido en España fue, sin duda, la persecución religiosa, de la que sus autores y quienes se consideran herederos de sus autores jamás han mostrado el más ligero indicio de autocrítica.

Ese material publicado más que suficiente son, por supuesto, sus libros y los del militar franquista Ramón Salas Larrazábal; en el artículo niega que el franquismo pueda ser acusado de genocida o de cometer crímenes imprescriptibles de acuerdo con la legislación internacional suscrita por España y que, por el contrario, sí podrían ser juzgados por ello los líderes del Frente Popular (que, recordemos, no fueron quienes se alzaron en armas contra el Gobierno elegido en las urnas unos meses antes).

El problema es que nadie niega (aunque Pío Moa intente hacer parecer lo contrario) que se asesinó a religiosos (unos 7.000); sin embargo, y a pesar de lo escandaloso de la cifra (reconocida de forma casi unánime por todos los historiadores), los dirigentes de sindicatos obreros o de partidos políticos de izquierdas que fueron represaliados constituyeron el grueso de los 150.000 asesinados por el bando nacional.

Si, según el argumento utilizado por Pío Moa, 7.000 asesinados está muy próximo a un genocidio, la cifra de 150.000, ¿a qué se debe aproximar según esa particular forma de argumentar?

2 comentarios :

  1. Los que se alzaron en armas contra el gobierno de la República no fueron los militares, sino una parte de ellos, junto con apoyos importantes entre las clases medias del país. Y respecto a que fueron los "culpables" porque fueron los que se alzaron contra la legalidad, entiendo que ese argumento ha de valer retrospectivamente, como así lo asumio el arrepentido Indalecio Prieto, contra el PSOE y la ERC por su golpe de estado revolucionario contra la República, gobernada entonces por los repúblicanos de centro con el apoyo y participacion minoritaria en el gobierno, de la CEDA.

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  2. Anónimo:

    Dices que «los que se alzaron en armas contra el gobierno de la República no fueron los militares, sino una parte de ellos».

    Menudo descubrimiento acabas de hacer; es más, te acabas de inventar algo que en el artículo al que estás contestando ni tan siquiera se menciona. Pero bueno, tú a la tuya.

    Dices también que los militares golpistas tuvieron «apoyos importantes entre las clases medias del país»; no sé lo que quieres decir con eso, aunque si lo que pretendes es darle un respaldo social al golpe me temo que te equivocas de época y de país (¿quiénes eran las clases medias en la España del 36?).

    Respecto al «golpe de estado revolucionario» del 34, tal vez te venga bien recordar que sus cabecillas fueron perseguidos y encarcelados; sus cabecillas y muchos de quienes les siguieron. Igual que fue encarcelado el General Sanjurjo por la famosa sanjurjada (otro intento de golpe de estado militar) unos años antes (quienes les siguieron se libraron de la cárcel gracias a la obediencia debida dentro del estamento militar), también contra la República.

    Ahora te falta argumentar la amnistía de los golpistas del 34; pero no te olvides de explicar la previa amnistía al reincidente General Sanjurjo.

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